UN APORTE PASTORAL PARA LA LECTIO DIVINA DEL
VIGÉSIMO DOMINGO DE TIEMPO ORDINARIO
Primera lectura: Proverbios 9, 1-6
Salmo responsorial: 33, 2-3. 10-11. 12-13. 14-15
Segunda lectura: Efesios 5, 15-20
“El pan que Cristo «dará» es la Eucaristía. Y ésta, para Jn, es el pan que contiene la «carne» de Cristo. En el uso semita, carne, o carne y sangre, designa el hombre entero, el ser humano completo.”
Manuel de Tuya
“Si eres imprudente, acércate al que es Fuente de toda Sabiduría, y El te dará la prudencia que necesitas. Para algunos parece que la vida no nos hubiera enseñado nada. Como que no somos capaces de sacar lecciones de nuestras amargas experiencias. No saber sacar lecciones provechosas de las experiencias de la vida es la «inexperiencia»”.
San Bernardo
Del libro de los Proverbios (9, 1-6)
La sabiduría se ha edificado una casa, ha preparado un banquete, ha mezclado el vino y puesto la mesa. Ha enviado a sus criados para que, desde los puntos que dominan la ciudad, anuncien esto: “Si alguno es sencillo, que venga acá”.
Y a los faltos de juicio les dice: “Vengan a comer de mi pan y a beber del vino que he preparado. Dejen su ignorancia y vivirán; avancen por el camino de la prudencia”.
Palabra de Dios.
Del salmo 33
Respuesta: Haz la prueba y verás qué bueno es el Señor.
Bendeciré al Señor a todas horas, / no cesará mi boca de alabarlo. / Yo me siento orgulloso del Señor; / que se alegre su pueblo al escucharlo.
Que amen al Señor todos sus fieles, / pues nada faltará a los que lo aman. / El rico empobrece y pasa hambre; / a quien busca al Señor, nada le falta.
Escúchame, hijo mío: / voy a enseñarte cómo amar al Señor. / ¿Quieres vivir y disfrutar la vida? / Guarda del mal tu lengua / y aleja de tus labios el engaño. / Apártate del mal y haz el bien; / busca la paz y ve tras ella.
De la Carta del apóstol san Pablo a los Efesios (5, 15-20)
Hermanos: tengan cuidado de portarse no como insensatos, sino como prudentes, aprovechando el momento presente, porque los tiempos son malos.
No sean irreflexivos, antes bien, traten de entender cuál es la voluntad de Dios. No se embriaguen, porque el vino lleva al libertinaje. Llénense, más bien, del Espíritu Santo; expresen sus sentimientos con salmos, himnos y cánticos espirituales, cantando con todo el corazón las alabanzas al Señor. Den continuamente gracias a Dios Padre por todas las cosas, en el nombre de nuestro Señor Jesucristo.
Palabra de Dios.
La vida nueva debe ser fiel en Cristo, significa ser sabio y no perder el tiempo en otras cosas que no valen la pena. Ser sabio en el Nuevo Testamento es velar, saber esperar al esposo (Mt 25, 1-2), estar preparado, es estar disponible al Señor.
Para los jóvenes que piensan que conformando grupos que los identifiquen, es como pueden ser valorados, es porque muchas veces se dejan alienar por la sociedad de consumo que no trasmite felicidad, que produce hastío. También los jóvenes que quieren huir de todo realismo, se convierten en hippies, pandilleros… rechazando la sociedad de sus padres, la educación e incluso la sociedad de consumo se convierten también en alienados ya no del dinero, ni de lo material sino del vivir “libre”, sin que nada les estorbe, sin normas, sin ley, pensando que esto los llevará a la felicidad y se ven màs alienados por los efectos secundarios, y así se vuelven esclavos de otras cosas como las drogas, sexo libre y toda forma de alienación por vivir fuera de sí. En una palabra “pierden tiempo”, pero la conversión sería dejar la vida de la carne, romper con la carne para vivir según Dios.
EVANGELIO
Mi carne es verdadera comida y mi sangre es verdadera bebida.
Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Juan (6, 51-58)
En aquel tiempo, Jesús dijo a los judíos: “Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo; el que coma de este pan vivirá para siempre. Y el pan que yo les voy a dar es mi carne, para que el mundo tenga vida”.
Entonces los judíos se pusieron a discutir entre sí: “¿Cómo puede éste darnos a comer su carne?”.
Jesús les dijo: “Yo les aseguro: si no comen la carne del Hijo del hombre y no beben su sangre, no podrán tener vida en ustedes. El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna y yo lo resucitaré el último día.
Mi carne es verdadera comida y mi sangre es verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre, permanece en mí y yo en él. Como el Padre, que me ha enviado, posee la vida y yo vivo por Él, así también el que me come vivirá por mí.
Este es el pan que ha bajado del cielo; no es como el maná que comieron sus padres, pues murieron. El que come de este pan vivirá para siempre”.
Palabra del Señor.
Introducción contextual
La comunidad para la que escribe Juan sabe que estas palabras se refieren a la eucaristía.
Lo que no es Eucaristía
- No se trata de un rito de antropofagia: Esto sugiere acaso, más que un bloque cerrado de censura, el que unos rechazasen la proposición de comer ese pan, que era su «carne», como absurda y ofensiva contra las prescripciones de la misma Ley, por considerársela con sabor de antropofagia.
- No es una ceremonia mágica en la que basta con pronunciar unas palabras prodigiosas para que todo funcione mecánicamente.
- No es un acto de teatro o un acto aislado que no toca la vida, ni la comunidad.
- No es un ritual que simplemente se celebra para calmar la sed de Dios o la conciencia.
- No es un simple discurso oratorio-poético.
Lo que es la Eucaristía para la comunidad joánica
Al celebrar la eucaristía los miembros de esta comunidad sentían que la vida de Jesús se fundía realmente con la vida de cada uno de ellos, experimentaban a Jesús como don en una entrega constantemente renovada; sentían que el Espíritu de Jesús los inundaba y percibían esa nueva calidad de vida que sólo es posible sentir en un ambiente de amor en el que todos comparten la misma vida porque se sienten hermanos, hijos de un mismo Padre: «Nosotros sabemos que ya hemos pasado de la muerte a la vida porque amamos a los hermanos» (1 Jn 3,14).
En un contexto también eucarístico, Jesús explicará en qué consiste seguir o permanecer con él: «Manteneos en ese amor mío. Si cumplís mis mandamientos, os mantendréis en mi amor, como yo vengo cumpliendo los mandamientos de mi Padre y me mantengo en su amor... Este es el mandamiento mío: que os améis unos a otros igual que yo os he amado» Un 15,9-11). Seguir con él es mantenerse en su amor, mantenerse en su amor significa cumplir sus mandamientos y sus mandamientos consisten en poner en práctica, en cualquier ocasión, el mandamiento del amor fraterno.
Veamos tres claves de lectura para este Domingo:
1) La necesidad de comer y beber la carne y sangre de Cristo;
La doble fórmula "comer la carne" y "beber la sangre" distingue entre la realidad histórica de Jesús (carne = hombre mortal) y su entrega hasta el fin (sangre = don de su vida). Se subraya así el doble aspecto de la adhesión: significa en primer lugar la identificación del discípulo con Jesús, el Hombre pleno, y la aspiración a alcanzar la plenitud mediante una actividad como la suya en favor de los hombres. En segundo lugar, y como expresión de la identificación interior, no cesar en esa labor, no retroceder ni siquiera ante la prueba extrema.
La carne y la sangre de aquel cordero del AT, proporcionaron una vida y una libertad pasajeras que sólo duraron hasta que llegó la muerte física; Jesús se presenta como el nuevo cordero que va a dar como alimento su propia carne y su propia sangre para que los hombres puedan gozar de una vida totalmente lograda.
El evangelio de Juan compuesto aproximadamente sobre el año 90-100, ya la Eucaristía era vivida, como el centro esencial del culto, en la «fractio panis». Comer el cuerpo de Cristo, beber su sangre, no podía ser entendida ya en otro sentido que en el eucarístico. Cuando San Pablo habla de la Eucaristía a los de Corinto, sobre el año 56, habla de ella casi por alusión, dando por supuesto que es algo evidente para ellos. «El cáliz de bendición que bendecimos, ¿no es la comunión de la sangre de Cristo? Y el pan que partimos, no es la comunión del cuerpo de Cristo?» (I Cor 10,16ss).
2) Participar de la comunión del Señor: “haced esto en memoria mía” (vida eterna: vida en plenitud)
El concilio de Trento definió de fe que, can las palabras «Haced esto en memoria mía» (Lc 22,19), Cristo instituyó sacerdotes a los apóstoles, y ordenó que ellos y los otros sacerdotes realizasen el sacrificio eucarístico. Por eso, esta adecuación entre la «promesa» y la «institución» exige, basado en un data de fe, la interpretación eucarística del pasaje de Jn.
Porque sin ello no se tiene la “vida eterna” como una realidad que ya está en el alma (Jn 4,14.23), y que sitúa ya al alma en la “vida eterna”, saber que somos y estamos con sed de plenitud, tal vez esa sed de infinito que todos tenemos en el corazón, es una sed que nos traspasa, que nos supera, en si mismo la vida eterna nos supera, en especial en su comprensión, pero quien no tiene un deseo de ser mejor, un deseo de llegar a realizarse como persona, un deseo de alcanzar la felicidad, quien no ha deseado ser y hacer lo mejor posible las cosas, quien no vive inconforme con lo poco que hace a diario y desea más, ese deseo, esa vitalidad, esa sed de infinito, no se llena con nada ni nadie, sólo puede saciar del hambre y sed el Señor, pero eso mismo nos supera, pues todos los días nos estamos perfeccionando, esto es tenemos una sed insaciable, porque el hombre entre mas busca a Dios, quiere estar más cerca de él.
Comer la carne y beber la sangre de Cristo presupone que el creyente se incorpora a la vida eterna, de la cual se llena el cristiano que no se aliena, no es una promesa para después o para el futuro, sino es una realidad ahora, actual, ya mismo acontece. Es decir, es una realidad del mundo actual. La eternidad, según san Juan, penetra en este mundo cuando el hombre se abre en la fe a la acción del Señor.
3) Celebrar la eucaristía supone haber llegado al final de nuestro camino de liberación personal en medio, por supuesto, de una comunidad de hermanos. Pero, al mismo tiempo, compromete a luchar por la vida y la libertad de quienes todavía no han podido acceder a ellas. La de Jesús es carne de nuestra carne y, si al darla comunicó vida al mundo, también la nuestra podrá servir para el mismo fin. Aquella carne, es cierto, estaba llena del Espíritu de Dios; pero también la nuestra puede llenarse de ese Espíritu y convertirse, con su fuerza, en pan que, compartiendo también el pan de cada día, se reparte para la vida del mundo. Eso es celebrar la eucaristía:
- comida: la carne en lugar de cuerpo, son las palabras que nos aproximan más a las palabras usadas en la institución de la eucaristía por Jesús.
- alimento: vida eterna. La persona de Jesús recibida por medio de la fe, es el medio con el cual es dada y conservada la vida eterna. Este pensamiento es propio sobre el pan de vida. Ahora Jesús afirma que su propia carne es verdadera vida.
- bebida: sangre: sacrificio. Acto sacrificial del Señor en la cruz. Muere en la cruz.
Pero en general no podemos separar como los docetas, tal vez esto sea una razón para que el autor antodoceta haga énfasis en la carne de Cristo y la sangre de Cristo que es entregada por la vida del mundo. Se hace referencia a la muerte de Jesùs, por tanto, el significado eucarístico es inseparable del “sacrificial”. Es un crudo realismo de comer y beber, para anteponerse a la espiritualización de la humanidad de Cristo. La eucaristía significa la continuación de la encarnación a través del tiempo.
El evangelista san Juan utiliza carne para referirse a la encarnación, que a través del tiempo se actualiza en cada eucaristía.
Otras Homilías
Para jóvenes por Marcos Sánchez
Un hombre que acababa de encontrarse con Jesús Resucitado, iba a toda prisa por el Camino de la Vida, mirando por todas partes y buscando.
Se acercó a un anciano que estaba sentado al borde del camino y le preguntó: - Por favor, señor, ¿ha visto pasar por aquí a algún cristiano?
El anciano, encogiéndose de hombros le contestó: -Depende del tipo de cristiano que ande buscando.
-Perdone- dijo contrariado el hombre-, pero soy nuevo en esto y no conozco los tipos que hay. Sólo conozco a Jesús.
Y el anciano añadió: -Pues sí amigo; hay de muchos tipos y maneras. Los hay para todos los gustos. Hay cristianos por cumplimiento, cristianos por tradición, cristianos por costumbres, cristianos por superstición, cristianos por obligación, cristianos por conveniencia, cristianos auténticos...
- ¡Los auténticos! ¡Esos son los que yo busco! ¡Los de verdad!-exclamó el hombre emocionado.
-¡Vaya!-dijo el anciano con voz grave-. Esos son los más difíciles de ver. Hace ya mucho tiempo que pasó uno de esos por aquí, y precisamente me preguntó lo mismo que usted.
-¿Cómo podré reconocerle?
Y el anciano contestó tranquilamente: -No se preocupe amigo. No tendrá dificultad en reconocerle. Un cristiano de verdad no pasa desapercibido en este mundo de sabios y engreídos. Lo reconocerá por sus obras. Allí donde van, siempre dejan huellas.
Respondemos entre todos:
ORACIÓN |
Animador(a):
CONTEMPLACIÓN |
Gesto:
Para ser auténticos cristianos necesitamos de la Eucaristía. Por eso, como gesto, vamos a escribir entre todos diez obras que identifican a un cristiano en una cruz.
Una vez que terminamos, vamos a pegar la cruz en la hostia de cartulina, como signo de nuestro compromiso de hacer de la Eucaristía la fuente de nuestras buenas obras, de nuestro seguimiento a Jesús.
Luego, a cada intención respondemos:
“Señor, danos siempre de este pan”
- Para que tengamos Vida eterna, te pedimos…
- Para que permanezcamos unidos a Vos, te pedimos…
- Para que vivamos por Vos, te pedimos…
- Para que venzamos el mal haciendo el bien, te pedimos…
- Para que permanezcamos en comunión con nuestros hermanos, te pedimos…
- Para que seamos auténticos cristianos, te pedimos…
- Para que busquemos primero el Reino y su justicia, te pedimos…
- Para que en todo momento realicemos las obras de Dios, te pedimos…
Finalizamos cantando:
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