Un Aporte Pastoral para la Lectio Divina del IV Domingo de Cuaresma
Domingo 22 de marzo de 2009
Primera lectura: 2 Cr 36, 14-16. 19-23 / Salmo responsorial: 136, 1-6 / Segunda lectura: Ef 2, 4-10
Señor tu conoces nuestra vida,
En medio de las tinieblas iluminas y disipas mi corazón,
Tu eres el amanecer de la vida,
Haz que me acerque con un corazón generoso y bondadoso. Amén.
Hilo conductor de la primera, salmo, segunda y Evangelio
El empeño de Dios por salvar y el hombre que rechaza su voluntad, pero Dios insiste, se acuerda del hombre y lo quiere liberar de toda forma de opresión, en la cruz, signo de redención y salvación para todos los hombres.
Monición
La liturgia presenta el segundo libro de las Crónicas es posterior al desierto babilónico (hacia 330 a.c.). En esta lectura se pretende explicar la burla de Israel frente al Señor.
Señor Jesús,
que nos diste a María como Madre,
te pedimos por su intercesión
que sepamos morir al pecado a través del ayuno;
que nos encontremos con nuestros hermanos
mediante la limosna sincera y eficaz;
y que alcancemos tu amor
a través de una oración confiada.
Te lo pedimos, Jesús, invocando tu Nombre
y reconociendo que eres el Hijo de Dios
que diste tu vida en la cruz por nosotros,
que resucitaste al tercer día
y que vives y reinas junto al Padre
en la unidad del Espíritu Santo,
por los siglos de los siglos,
Amén.
Celebremos
La celebración comunitaria de la eucaristía es el espacio en el que la comunidad celebra la fe que se transforma en vida, luz…verdad…camino…parafraseando al Santo Padre Benedicto XVI, el único camino del hombre para realizar su felicidad es Cristo. Lo que quiere presentar el papa que nada en este mundo ni el poder, placer o dinero pueden llenar el corazón del hombre porque siempre va a ser insaciable. Entonces la plenitud del hombre no es llenando sino vaciándose de sí, es decir una participación de nuestras vidas en Cristo y Cristo en el padre, y cada uno se hace participe de esa luz y verdad.
Eso es gracia, vivir en la esperanza, vivir creyendo, esta es la fuente que brota hasta la vida eterna (Jn 4, 14).
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