Dirección de la Lectio Divina
1. Puedes leerla en http://homiletica.org/wilsonsossa0015.pdf
2. Puedes escucharla en MP3: http://homiletica.org/wilsonsossaCICLOB.htm
«Ya por los profetas, sus siervos, Dios quiso hablar y hacerse oír de muchas maneras; pero mucho más es lo que nos dice el Hijo, lo que la Palabra de Dios, que estuvo en los profetas, atestigua ahora con su propia voz, pues ya no manda preparar el camino para el que ha de venir, sino que viene Él mismo, nos abre y muestra el camino, a fin de que, los que antes errábamos ciegos y a tientas en las tinieblas de la muerte, iluminados ahora por la luz de la gracia, sigamos la senda de la vida, bajo la tutela y dirección de Dios». (San Cipriano).
1. La Transfiguración confortó a Jesús.
La Transfiguración en el Tabor interesaba en primer término al mismo Jesucristo, puesto que era una recompensa de sus labores y fatigas. Tres años de trabajo incesante había pasado en servicio de su Padre celestial, sembrando beneficios en favor de los hombres. Entonces le fueron concedidos unos instantes de indecible alegría, de máximo consuelo, al mostrarle su Padre la gloria que le tenía reservada, como premio de todo cuanto había hecho en la tierra, durante los treinta y tres años de convivencia humana. Al mismo tiempo la Transfiguración le confortaba para la Pasión y Muerte que le esperaban, y le llenaban el alma de pavor.
2. La Transfiguración confortó a los Apóstoles.
La Transfiguración interesaba también a los Apóstoles, testigos oculares de aquella misteriosa aparición. Muy de propósito los convidó el divino Maestro a acompañarle y a asistir a la maravillosa escena de la Transfiguración. Los tres elegidos, constituían, por así decirlo, las columnas del colegio apostólico. Ellos habían de ser los fundadores de la Iglesia. Fueron estos tres, los distinguidos por una confianza particular de parte del Maestro, los que a Él más estrechamente se ligaron, y los que de Él recibieron instrucciones más íntimas y detalladas. Aquellos tres Apóstoles representaron más tarde un poder, debido a su fe inconcusa, firmeza inalterable, fidelidad y amor a toda prueba y ardiente celo apostólico. Llenos del espíritu de Cristo, lo comunicaron a sus compañeros, convirtiéndose así en columnas, firmísimos puntales, sostenes poderosos y maestros competentes y autorizados de los demás Apóstoles primero, y más tarde de los primeros cristianos.
3. Valor del cristiano confortado.
¡Cuánto vale un solo hombre, hombre de verdad, de convicciones profundamente cristianas! ¡Cuánto bien puede hacer en la familia, en la sociedad, en la parroquia! Un solo hombre de fe arraigada, sin respeto humano, piadoso, caritativo y justo, es semejante en la parroquia a un árbol corpulento que da vida, fuerza y amparo a otras plantas tiernas que, a él enlazadas, resisten, firmes como él, las más furiosas borrascas. ¡Feliz de aquella parroquia que puede contar con tres hombres semejantes! Sus ejemplos arrastrarán a otros muchos seguir el mismo camino: el camino de Dios y de la virtud. Hay muchos que tienen buena voluntad en el servicio de Dios; pero no disponen de fuerza suficiente para confesar públicamente su fe. Les falta la constancia para proseguir en el camino emprendido: la senda de la práctica de la religión y el ejercicio de las virtudes verdaderamente cristianas. Son almas que necesitan que las impulsen, que las conforten, que las animen y las amparen. Débiles de por sí, no se sostienen ni permanecen fieles. Pero si encuentran quien las guíe, se dan de buena voluntad, y realizan grandes progresos en la santidad. Jesús lo sabía muy bien. Por eso escogió a tres entre sus doce discípulos, y entre estos tres a Pedro para que fuera la piedra fundamental, dándole esta orden: "Confirma a tus hermanos" (Lc., 22, 32). ¡Confirma a los Apóstoles y ellos confirmarán al mundo!
(P. Juan B. Lehmann, Salió el Sembrador...,
Tomo II, Ed. Guadalupe, Buenos Aires, 1947)
Tags: Wilson Sossa