22 Febrero de 2009
Un Aporte Pastoral para el Evangelio del Domingo VII del Tiempo Ordinario
O bien el enfermo baja por la abertura del techo, porque aclarados los misterios de las Escrituras se llega al conocimiento de Cristo, esto es, se baja a su humildad por una fe piadosa. Que el enfermo sea depositado en tierra con la camilla significa que debe ser conocido Cristo por el hombre aun constituido en carne mortal. El levantarse de la camilla es abstraerse el alma de los deseos carnales entre los que yacía enferma. El coger la camilla da a entender que la misma carne castigada por el freno de la continencia, se aparta de los deleites terrenos con la esperanza de los premios celestiales. El irse a su casa cogiendo la camilla es volver al paraíso. O bien el enfermo curado vuelve la camilla a su casa, cuando el alma, después de recibir la remisión de los pecados, se consagra con su mismo cuerpo a la vigilancia interior. (Beda.)
1. 1 Lecturas del día
Monición
En la primera lectura del segundo Isaías, Yahvé habla con su pueblo y le reprocha no recordar ni caer en la cuenta del pasado. No sólo han olvidado su historia sino que no han reflexionado ni leído en ella, la presencia permanente de Dios. Tampoco son capaces de reconocer su actuación histórica presente. ¿No lo reconocen? Ese olvido se manifiesta en una vida de iniquidad y pecado, que ha cansado a Dios, quien ha permanecido fiel en una actitud de perdón. El profeta evidencia la inconciencia del Pueblo, e impele a reconocer al Dios fiel en los acontecimientos de su vida.
Lectura del libro del profeta Isaías 43, 18-19. 21-22. 24b-25
Así habla el Señor:
No os acordéis de las cosas pasadas, no penséis en las cosas antiguas; yo estoy por hacer algo nuevo: ya está germinando, ¿no os dais cuenta? Sí, pondré un camino en el desierto y ríos en la estepa, para el pueblo que yo me formé para que pregonara mi alabanza.
Pero tú no me has invocado, Jacob, porque te cansaste de mí, Israel. ¡Me has abrumado, en cambio, con tus pecados, me has cansado con tus iniquidades! Pero soy yo, sólo yo, el que borro tus crímenes por consideración a mí, y ya no me acordaré de tus pecados.
Palabra de Dios.
El Profeta presenta la inminente liberación. Dios va a realizar con su Pueblo maravillas insospechadas:
- Los prodigios realizados en el Éxodo de Egipto van a quedar inmensamente superados por la nueva obra de liberación y redención que Dios prepara (18). El Éxodo es el punto de partida de la Historia Salvífica. Esta avanza en línea siempre ascendente. El Éxodo es el germen, germen con un dinamismo divino en su entraña (19). Es Dios quien planea, dirige, realiza la Historia Salvífica. De ahí su perenne vitalidad, su eterna novedad: 'Mirad: Todo cristiano es una creación nueva' (2 Cor 5, 17). Dijo el que estaba sentado en el Trono: 'Mirad: Todo lo renuevo' (Ap 21, 5).
- El pueblo de la Nueva Economía es también del todo 'nuevo'. El de la Alianza del Sinaí ha sido desobediente, olvidadizo de Dios, propenso a la idolatría: 'No me has invocado; te has cansado de mí, Israel' (21 b). En vez de someterse a la santa voluntad de Dios ha intentado someter a Dios a sus caprichos; en vez de honrar y glorificar a Dios le ha fastidiado con sus incesantes rebeldías (24 b). Dios va a formarse un Pueblo nuevo de fieles adoradores y servidores: 'El Pueblo que Yo he formado cantará mis alabanzas' (21 a).
- Esta renovación no es meramente exterior y superficial. Se trata de la obra divina que los teólogos llamarán justificación y santificación. Dios arranca de nuestro corazón el pecado y nos enriquece de su Gracia, de su misma Vida divina. Obra maravillosa. La creación del universo de la Gracia supera sin medida la creación de la Naturaleza: 'Esta será la Alianza Nueva: Pondré mi Ley en su interior, y sobre sus corazones la escribiré; perdonará su culpa y de sus pecados no me acordaré más: Yo seré su Dios y ellos serán mi Pueblo' (Jer 31, 34). Isaías ve también la Nueva Alianza en la que Dios, por obra de una maravillosa y misteriosa Redención, tendrá fieles adoradores; purificados de todo pecado: redimidos: 'Yo soy, Yo soy quien borro tu culpa y no me acordaré ya más de tus pecados' (25). Evidentemente, la Redención del pecado que tenemos por Cristo Redentor es infinitamente superior a la redención de Egipto y de Babilonia.
SALMO Sal 40, 2-3. 4-5. 13-14 (R.: 5b) http://www.scribd.com/doc/12587612/Salmo-040
R. Sáname, Señor, porque pequé contra ti.
Feliz el que se ocupa del débil y del pobre:
el Señor lo librará en el momento del peligro.
El Señor lo protegerá y le dará larga vida,
lo hará dichoso en la tierra
y no lo entregará a la avidez de sus enemigos. R.
El Señor lo sostendrá en su lecho de dolor
y le devolverá la salud.
Yo dije: «Ten piedad de mí, Señor,
sáname, porque pequé contra ti». R.
Tú me sostuviste a causa de mi integridad,
y me mantienes para siempre en tu presencia.
¡Bendito sea el Señor, Dios de Israel,
desde ahora y para siempre! R.
Monición
Pablo, en su segunda carta a los Corintios recalca esta fidelidad de Dios manifestada en la persona de Jesús, en cuyos actos y palabras no hubo doblez ni ambigüedad. En Jesús Dios mostró su total coherencia: él es el «sí» de Dios a la Humanidad. Esto exige de los cristianos la misma coherencia y honestidad. La actitud de Dios firme y constante, llena de confianza, un "Amén" que implica una aceptación de esa acción de Dios expresada en el proyecto de Jesús. Por su parte Dios, en Cristo, conforta a la comunidad creyente, unge, marca, sella y da "en arras" el Espíritu como signo de la total pertenencia del cristiano a Dios, en una unidad que ha de expresarse en actitudes y palabras coherentes a ejemplo de Jesús
Lectura de la segunda carta del apóstol san Pablo a los cristianos de Corinto 1, 18-22
Hermanos:
Os aseguro, por la fidelidad de Dios, que nuestro lenguaje con vosotros no es hoy «sí» y mañana «no». Porque el Hijo de Dios, Jesucristo, el que nosotros hemos anunciado entre vosotros —tanto Silvano y Timoteo como yo mismo— no fue «sí» y «no», sino solamente «sí».
En efecto, todas las promesas de Dios encontraron su «sí» en Jesús, de manera que por él decimos «Amén» a Dios, para gloria suya.
Y es Dios el que nos reconforta en Cristo, a nosotros y a vosotros; el que ríos ha ungido, el que también nos ha marcado con su sello y ha puesto en nuestros corazones las primicias del Espíritu.
Palabra de Dios.
Pablo se defiende de quienes le acusaban de acomodaticio y voluble; acusación que de rechazo dañaba la doctrina que él predicaba:
- Cristo, que es el mensaje que Él predica, no es compromiso, doblez o acomodación: 'Jesucristo, Hijo de Dios, que os hemos predicado, no fue sí y no, sino en Él todo es sí' (19). Cristo es 'el Verdadero' (1 Jn 5, 20); Cristo 'es la Verdad' (Jn 14, 6). Cristo es el 'sí' de Dios, 'por cuanto en Él son 'sí' todas las promesas de Dios' (20). Cristo es el 'sí' por cuanto en El hallan cumplida saciedad todos los anhelos humanos. Cristo es el 'sí' por cuanto en El hallan respuesta y solución todos nuestros interrogantes y problemas. Y es, por su sacramento, prenda y pregusto de nuestra perfecta felicidad (Dom VII Postcom.).
- Y como es el 'sí', es el 'amén' (20 b). 'Amén' es una expresión aramea que significa: firme, fiel. Los Profetas nos dan la equivalencia: 'Dios Amén'= 'Dios Fiel' (Is 65, 16). El Apocalipsis da a Jesús el apelativo: 'Amén': 'Esto dice el Amén' (Ap 3, 14). Frente a toda creatura que es limitación e impotencia, inconstancia y versatilidad, falsía y zozobra, Cristo es 'Amén': es perfección y eficacia, firmeza y eternidad, verdad y fidelidad. Los cristianos en Él estribamos. Es nuestro apoyo que no puede fallar. Por eso, por medio de Él, elevamos al Padre nuestra glorificación (20 b), seguros de que seremos aceptos al Padre. Toda nuestra liturgia, dice San Agustín, se resume en cantar 'Amén' y Alleluia: Tota actio nostra: Amen et Alleluia (P. L. 39, 1632).
- Pablo, en virtud de la elección que de él ha hecho Cristo para el apostolado, participa de esta firmeza, verdad y fidelidad de Cristo. También él es 'sí' y 'amén'. Todo apóstol que de verdad conecte con Cristo es el 'sí' y el 'amén' de Cristo. Y como tal deben los fieles aceptarle y acogerle. En virtud del carisma del apostolado: 'Es Dios quien nos consolida en Cristo; quien nos ungió; quien nos marcó con su sello; quien como arras nos dio el Espíritu en nuestros corazones' (22). Los fieles, al adherirse a quien ricamente Dios acredita, se adhieren a Cristo mismo.
2. Evangelio según san Marcos 2, 1-12
Monición
El evangelio de Marcos nos descubre esa coherencia de Jesús. Regresa a Cafarnaum y corre la voz de que está en casa, y la gente se agolpa en la puerta. Las casas de aquellas poblaciones contaban con patios comunes, de modo que una buena cantidad de personas podía agruparse a las entradas de las casas.
Proclamación del Evangelio según san Marcos 2, 1-12
Después de algún tiempo, Jesús volvió a Cafarnaúm y se difundió la noticia de que estaba en la casa. Se reunió tanta gente que no había más lugar ni siquiera delante de la puerta, y él les anunciaba la palabra.
Le trajeron entonces un paralítico, llevándolo entre cuatro hombres. Y como no podían acercarlo a él, a causa de la multitud, levantaron el techo sobre el lugar donde Jesús estaba, y haciendo un agujero descolgaron la camilla con el paralítico. Al ver la fe de esos hombres, Jesús dijo al paralítico: «Hijo, tus pecados te son perdonados».
Unos escribas que estaban sentados allí pensaban en su interior: «¿Qué está diciendo este hombre? ¡Está blasfemando! ¿Quién puede perdonar los pecados, sino sólo Dios?»
Jesús, advirtiendo en seguida que pensaban así, les dijo: «¿Qué estáis pensando? ¿Qué es más fácil, decir al paralítico: "Tus pecados te son perdonados", o: "Levántate, toma tu camilla y camina"? Para que sepáis que el Hijo del hombre tiene sobre la tierra el poder de perdonar los pecados —dijo al paralítico—: Yo te lo mando, levántate, toma tu camilla y vete a tu casa».
Él se levantó en seguida, tomó su camilla y salió a la vista de todos. La gente quedó asombrada y glorificaba a Dios, diciendo: «Nunca hemos visto nada igual».
Palabra del Señor.
En Power Point: http://www.scribd.com/doc/12587661/TiempoOr
3. Contexto del texto
La curación del paralítico -'hijo' le llama Jesús- va a ser un 'signo' de su misión Mesiánica:
- La misión de Jesús es Salvífica. Debe redimirnos de la esclavitud del pecado. El paralítico es un símbolo muy expresivo de las cadenas con que nos esclaviza el pecado. El Redentor, para que entendamos que nos, trae esta Redención del pecado, cura al paralítico: 'Para que sepáis que el Hijo del hombre tiene el poder de perdonar los pecados, dice al paralítico: Yo te lo ordeno: Levántate' (11). Jesús es el verdadero y único Redentor. Ningún hombre podía redimirnos del pecado.
v. 2,1 Entró de nuevo en Cafarnaún y, pasados unos días, se supo que estaba en casa.
Jesús vuelve sin publicidad a Cafarnaún (cf. 1,45). La casa donde está Jesús es figura de «la casa de Israel», en este caso de la comunidad judía de Galilea, representada por la gente de Cafarnaún.
v. 2 Se congregaron tantos que ya no se cabía ni a la puerta, y él les exponía el mensaje.
Los habitantes de la ciudad, que habían intentado hacer líder a Jesús (1,32-34.35-39), acuden en gran número. Para sacarlos del exclusivismo y nacionalismo que habían mostrado, Jesús les expone el mismo mensaje proclamado antes por el leproso curado, pero ahora con un horizonte más amplio: el reinado de Dios no estará limitado a Israel ni centrado en él, se abre a los hombres de todos los pueblos.
vv. 3-4 Llegaron llevándole un paralítico transportado entre cuatro. Como no podían acercárselo por causa de la multitud, levantaron el techo del lugar donde él estaba, abrieron un boquete y descolgaron la camilla donde yacía el paralítico.
El mensaje que propone Jesús se escenifica en la curación del paralítico, figura de la humanidad «pecadora» (5), es decir, según el modo de hablar judío, pagana (cf. Gál 2,15); ésta acude a «la casa de Israel» buscando su salvación en Jesús. El paralítico y sus portadores representan dos aspectos de esa humanidad: los cuatro portadores (alusión a los cuatro puntos cardinales, indicador de universalidad) representan su anhelo de salvación; el paralítico, incapaz de valerse por sí mismo, su situación prácticamente de muerte. La comunidad judía impide el acceso a Jesús, no deja paso. Pero el anhelo de salvación de los paganos es tan grande que los portadores no se arredran, rompen el cerco judío.
v. 5 Viendo Jesús la fe de ellos, le dice al paralítico: «Hijo, se te perdonan tus pecados».
Jesús ve la fe de los portadores (revelada en sus acciones), pero habla sólo al paralítico (prueba de la identidad de unos y otro). El apelativo «hijo» se usaba, en sentido teológico, respecto al pueblo judío (Ex 4,22; Is 1,2; Jr 3,19; Os 11,1); Jesús lo aplica al que representa a la humanidad pagana. La fe o adhesión a Jesús y a su mensaje cancela el pasado pecador del hombre (cf. 1,4).
¡Oh, admirable humildad la de Jesús!, dice San Beda. Llama «hijo» a un infeliz enfermo, que tiene relajadas todas las articulaciones de sus miembros, y a quien los sacerdotes orgullosos ni siquiera se dignaban tocar. Le llama «hijo», porque le perdona los pecados. Este es el efecto de la palabra remisiva de Jesús, que tantas veces se ha pronunciado sobre nosotros en el sacramento de la Penitencia: nos devuelve la gracia y, con ella, la filiación perdida por el pecado. Aprendamos aquí que el pecado no sólo causa nuestra ruina espiritual, sino que muchas veces las mismas dolencias físicas son una secuela de ciertos pecados; y que todos ellos pueden ser causa de que Dios nos toque en el cuerpo como castigo por ellos merecido.
vv. 6-7 Pero estaban sentados allí algunos de los letrados y empezaron a razonar en su interior: «¿Cómo habla éste así'? ¡Está blasfemando! ¿Quién puede perdonar pecados más que Dios solo?»
Los letrados allí sentados (instalados), que nunca hablan en voz alta, son figura de la doctrina teológica oficial, que domina aún la mente de los presentes: éstos, dóciles a lo que les han enseñado, no admiten que un hombre pueda hablar así y piensan que Jesús blasfema, queriendo usurpar el puesto de Dios.
vv. 8-11 Jesús, intuyendo cómo razonaban dentro de ellos, les dijo al momento: «¿Por qué razonáis así? ¿Qué es mas fácil, decirle al paralítico «se te perdonan tus pecados» o decirle «levántate, carga con tu camilla y echa a andar»? Pues para que veáis que el Hijo del hombre tiene autoridad en la tierra para perdonar pecados...» -le dice al paralítico: «A ti te digo: Levántate, carga con tu camilla y márchate a tu casa».
¿Por qué pensáis mal dentro de vuestros corazones?— Jesús es escrutador de corazones. Como penetró en el de los escribas para descubrir sus perversos pensamientos, así penetra en el nuestro, no ocultándosele ningún latido, ningún matiz de pensamiento, sentimiento o afección. Ello debe animarnos, cuando concebimos buenos sentimientos, confundirnos, cuando se levanten en nuestro interior los movimientos del mal.
Por primera vez usa Jesús la denominación el Hijo del hombre, inspirada en Dn 7,13, que designa en el evangelio al que posee la plenitud del Espíritu (1,10). El reinado de Dios consiste en la creación del hombre nuevo en su doble aspecto: liberándolo del pasado que lo paraliza y comunicándole vida (Espíritu, cf. 1,8) y autonomía para que pueda disponer de sí mismo y desarrollar libremente su actividad (12). Jesús, el Hombre-Dios, ejerce en la tierra (universalidad) las funciones de Dios mismo. En su tanto, todos lo que participen de su Espíritu (1,8) tienen la misma misión.
El contacto del Reino con los paganos, no será, pues, para dominarlos, como lo expresaba el texto de Dn 7,13-14 y lo concebía el mesianismo davídico, sino para darles vida. Y la humanidad no judía que da su adhesión a Jesús no tiene que abandonar su propia cultura para incorporarse a Israel (oposición entre en casa, v. 1, y márchate a tu casa, v. 11).
¿Qué es más fácil...?— Admiremos la misericordia de Jesús, que ofrece a sus mismos adversarios la manera de que puedan reconocer su divinidad, proponiéndoles un argumento indestructible. No sólo proponiéndolo, sino realizando su contenido, ante sus mismos ojos, sin increparles. Es admirable ejemplo de la pedagogía que deben practicar aquellos que se dedican al apostolado, sobre todo entre gente proterva, y más aún entre quienes se precian de ilustrados: caridad, claridad de doctrina y confirmación con milagros; que si no tenemos el carisma de Dios para producirlos, los tenemos abundantes e irrefutables para que sirvan de sostén a nuestra doctrina. En estas condiciones, la verdad hace siempre su camino, y queda como una semilla en el corazón de quienes la reciben.
A ti te digo: Levántate... — ¡Plenitud de la eficacia de la palabra de Jesús! Al decir «levántate», queda totalmente sano el enfermo; y fuerte, porque «toma su camilla» y carga con ella; y «va a su casa», para que sea testigo todo el mundo de su perfecta curación. Nuestra curación espiritual debe tener estas condiciones; no faltará la gracia de Dios, si nosotros somos fíeles colaboradores a ella. Debemos levantarnos, resueltos, del lecho oprobioso de nuestros pecados, dejando perversas costumbres; tomar nuestra camilla, cargando con la memoria de nuestros crímenes, como el Profeta, «que conocía su iniquidad y tenía siempre delante de sí su pecado» (Ps. 50, 5), para detestarlos, hacer penitencia de ellos y huir las ocasiones y peligros de cometerlos de nuevo; e ir a nuestra casa, a buscar en el recogimiento y oración el favor de Dios y el sosiego de nuestro espíritu.
v. 12 Se levantó, cargó en seguida con la camilla y salió a la vista de todos. Todos se quedaron atónitos y alababan a Dios diciendo: «¡Nunca hemos visto cosa igual!»
La gente no sólo queda admirada, sino que, al percibir la nueva vida que Jesús comunica, acepta este mensaje y se dirige adonde está Jesús para seguir escuchando su enseñanza. El mar, apertura al mundo pagano.
¡Jamás tal cosa vimos! — Nadie ha visto jamás cosa tan maravillosa como la persona, vida y milagros de Jesús; la sabiduría de su doctrina; la pureza y elevación de su moral; la grandeza de su obra clásica, que es la Iglesia con su culto, su arte, sus instituciones, sus santos, su jerarquía. Pero para quienes no son de buena voluntad, como les sucedió a los escribas y fariseos, no sirve todo ello más que para exacerbar el odio y rencor contra el Cristo de Dios y su obra. La historia de la Iglesia está llena de escribas y fariseos que, en nombre de la verdad, de la ciencia, del progreso, de los derechos del hombre, la han impugnado con todas las armas, de la política, de la guerra, de la insidia, del libro y de la cátedra, etc.
4. La venida del Mesías
- La sublime serenidad con que Jesús dice al paralítico: 'Tus pecados quedan perdonados' (5) nos indica la llegada de la Nueva Economía. Isaías (43, 25) y Jeremías (31, 34) prenunciaron esta Nueva Alianza en la que Dios ya no se acordará de nuestros pecados. Tenemos ya al Redentor que los expiará todos. Y nos deja su Redención en los sacramentos que borran nuestros pecados.
- Apropiémonos esta Redención con fe, amor y gratitud: 'Dios por Cristo nos reconcilió consigo; y a nosotros nos confió el ministerio de la reconciliación. En nombre, pues, de Cristo os lo rogamos: Reconciliaos con Dios' (2 Cor 5, 18. 20).
- Sepamos mirar a los hombres con esta mirada y prestarles esta ayuda misericordiosa trascendente
5. Aporte pastoral
Jesús parte de la relación cultural existente entre pecado-castigo y enfermedad: "Tus pecados te son perdonados". La liberación de la culpa está directamente relacionada con la recuperación de la salud. Los escribas presentes, reaccionan: la sociedad judía estaba estructurada sobre la base de la exclusión; no parecía haber posibilidad de cambio, ni alternativa para los excluidos, salvo una exigente carga de tributos y ritos de purificación que en su gran mayoría les resultaba imposible cumplir. Jesús rescata a la persona misma, el poder oculto y real de aquel hombre de levantarse por sí mismo, de superar la parálisis en la que la culpa y el rechazo social lo habían sumido. Él revive, se hace dueño de sí al levantar por sí mismo la camilla en la que antes yacía, y regresa a casa con nueva vida.
Como el domingo pasado, estamos ante esa unidad de palabra y acción, de teoría y práctica, de decir y hacer. Como solemos decir, «no hay nada más práctico que una buena teoría», y «nunca se ha entendido del todo una teoría, hasta que no se ha experimentado y dominado su práctica». Jesús es maestro de esa unidad. Y sus discípulos también lo hemos de ser. Tenemos un mensaje de salvación que hay que anunciar, pero que también hay que realizar, aunque sea con gestos simbólicos. La Utopía, («¡el Reino!»
no sólo debe ser anunciado (hablado, dicho, informado, teorizado), sino construido (hecho, implantado, promovido, luchado). La Buena Noticia no sólo tiene que ser anunciada, sino mostrada, primero en nuestra propia vida, también en la comunidad, y, hasta donde nos dejen, en la sociedad.
Ayudemos a tanto enfermos y paralíticos juntos. Ellos n saben, ni pueden solos ir a Cristo. Su médico, guiémoslos y conduzcámoslos. ¡Cuán hermoso servicio! ¡Abrir caminos de Cristo a los hombres y de los hombres a Cristo!
Lectio Divina Dominical
Marcos 2,1-12: Una fe comunitaria. “Viendo Jesús la fe de ellos”
Autor: Padre Fidel Oñoro CJM
Fuente: Centro Bíblico Pastoral para la America Latina (CEBIPAL) del CELAM
Hasta ahora, según Marcos, el Señor ha hecho innumerables curaciones (1,34.39). De entre ellas dos han quedado en el texto con nombre propio: (1) La suegra de Simón; (2) El leproso.
Resaltemos un detalle particular. En la curación de la suegra de Simón, es Jesús mismo quien se acerca a ella y la cura. En la del leproso, es éste quien se acerca a Jesús para ser curado.
En la que nos presenta el evangelio de hoy, es una comunidad, cuatro personas, que llevan a un paralítico. Es un bello ejemplo de lo que puede lograr la fe de una comunidad en relación con uno de sus miembros enfermos.
Marcos nos presenta a Jesús en casa, rodeado de mucha gente. Ya no podía entrar nadie más porque no había sitio.
Probablemente cuatro amigos o familiares de un paralítico, el texto no nos lo aclara, se enteran de que Jesús está en Cafarnaúm y lo más seguro es que ellos mismos tomen la iniciativa y se tomen la molestia de cargar con el paralítico para llevárselo a Jesús. Es bella la insistencia de estos cuatro. Llegan a la puerta de la casa. No se podía entrar. Como decimos: “no cabía ni una aguja más”. Lo más razonable hubiera sido esperar hasta que Jesús acabara de hablar, o desistir y regresar a casa. Pero no. Ellos llevaban en sus manos un paralítico y en su corazón una fe capaz de trasladar montañas o al manos con la suficiente creatividad e ingenio para buscar otras soluciones.
No debió ser cosa fácil subir al paralítico sobre el techo, abrir un espacio y descolgarlo.
Jesús captó profundamente la situación. Cuando tuvo ante sí al paralítico, lo primero en lo cual se detuvo, como nos dice el texto, fue en “la fe de ellos” y no solamente en el deseo, no tan manifiesto, del paralítico de ser curado. A Jesús lo movió la fe de esa pequeña comunidad y actuó. Actuó de una forma extraña para algunos presentes al decirle al paralítico “Tus pecados te son perdonados” (5). Esta expresión hizo reaccionar a otra “pequeña comunidad”, los escribas y fariseos presentes, no ya con la fe sino con la murmuración. ¿Cómo puede hablar así? ¿Quién puede perdonar los pecados sino sólo Dios? (8). Cuando no se acepta la persona de Cristo fácilmente se cuestionan y hasta condenan sus actitudes.
Al final Jesús, curando al leproso, les hace comprender a los escribas y fariseos que su poder va más allá de lo que podemos pensar y, según el texto, “Todos” (12) terminan asombrados y glorificando a Dios y afirmando que “Jamás se había visto cosa parecida”. Quisiéramos haber visto la reacción de los escribas y fariseos al salir de la casa.
Cultivemos la semilla de la Palabra en lo profundo del corazón.
1. ¿Qué nos dice la expresión de Jesús: Qué es más fácil decir al paralítico, tus pecados te son perdonados o levántate, toma tu camilla y anda?
2. ¿En qué momentos nuestra familia o comunidad ha actuado como una pequeña comunidad salvadora de alguno de sus miembros? ¿Qué consecuencias ha tenido esta actuación?
3. Recuerdo una ocasión en la cual yo haya ayudado a salvar a una persona con mi fe. ¿Qué enseñanzas saqué de este hecho? ¿Cómo es mi relación con esa persona?
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