Mi Señor Jesús, te adoro en el último día de tu vida mortal en la tierra. A la luz de la fe descubro que en ese día adoraste infinitamente a tu Padre celestial, le diste cumplida acción de gracias, le pediste perdón por todos los pecados de la humanidad, pensaste en mí con indecible amor, con el deseo de atraerme irresistiblemente hacia ti. Tags: San Juan Eudes